En la casa de mi cuñada hay un detalle que desde un primer momento me llamó la atención. Observé parlantes pequeños distribuidos por todo el inmobiliario. En un primer momento pensé que retrataba de una fanática de la música como lo soy yo y que le gustaba estar acompañada constantemente de melodías que endulcen su día. Me equivoqué. Cuando le pregunté que tipo de música le gustaba escuchar, me contestó que las baladas en castellano. Ah que bien –pensé- y traté de llevar el tema por ahí preguntándole si tenía discos de Camilo Sesto a lo que ella sorprendida contestó que no. Yo, más sorprendido, insistí y le pregunté si tenía entonces algún disco de Nino Bravo, la respuesta fue igualmente negativa. Se me ocurrió pensar que los baladistas clásicos españoles no eran su fuerte y le pregunté si tenía el último disco de Alejandro Sanz. Ella, con pena, me dijo que no por tercera vez y me contraatacó preguntándome porque tanto interés en la música. Hice una mueca y señalándole los innumerables parlantes que adornaban los ángulos de la casa le respondía que más bien ella como fanática de la música debería haber respondido mis cuestiones iniciales. Sonrió y con un ahhhhhh muy elocuente me explicó que esos parlantes no tenían como fin principal la salida de música sino que estaban allí porque pertenecían al sistema de alarma para bebés que había implementado en la casa. Ahora el sorprendido fui yo y le solicité que se explayara en el asunto.
Es así que me contó que ella había observado este novedoso método por primera vez en un canal de cable del extranjero. En uno de estos programas de corte femenino apareció la publicidad de un novedoso sistema de alarma que servía para detectar los movimientos del bebé. Ella como madre por primera vez se interesó por el tema, sin embargo no fue hasta un susto que le tocó vivir que se decidió a adquirir uno de estos sistemas. Sucedió que a mitad de la noche su hijo empezó a llorar. Ella lo atribuyó a un berrinche cualquiera que suelen hacer los bebés para llamar la atención de la madre y, siguiendo las recomendaciones de un experto en bebés que indica que el acudir a cada u o de estas pataletas fomenta el desarrollo de una personalidad manipuladora en el niño, decidió no acudir. Pasó un buen rato y el infante no se calmaba así que entre sueños decidió ir a ver que pasaba. Cuando encendió la luz y se acercó a la cuna del niño se dio cuenta que un fino hilo de sangre desfilaba por el arco súper ciliar derecho del niño y se abría paso por la mejilla. Alarmada pidió ayuda a su esposo quien presto acudió para juntos comprobar que el bebé se había golpeado la frente en uno de los parlantes de la cuna. Afortunadamente nada grave pero la decisión estaba tomada, había que redoblar los cuidados.
Es así que decidieron averiguar acerca del novedoso sistema que ella había visto en la televisión. Se trataba de una alarma que además de detectar los movimientos del niño y anunciarlos mediante un sensor que emitía una luz roja intermitente, contaba con un micrófono de alta sensibilidad que amplificaba los sonidos del cuarto del bebé. Esto le resultaba de gran utilidad puesto que el padre salía a trabajar todos los días y ella, como ama de casa, no podía estar en el cuarto del infante todo el tiempo, debía desdoblarse entre los múltiples quehaceres del hogar. Ahora con este sistema mal que bien podía monitorear remotamente al niño y aquietar su angustia. Me pareció un sistema interesante y no estaría demás que las personas que se encuentran en similar situación le den un ojeada.
una informacion muy buena y muy util, muchas gracias, buen weblog.