A poco tiempo de Venecia se encuentra un poblado que se llama Burano. Para llegar a ese destino, sólo es necesario tomar un vaporetto que nos llevara a la isla mediante la navegación. Este transporte sólo cuesta 4 euros y también se puede adquirir un boleto para todas las islas por 56 euros, sin embargo, en ese lugar se puede encontrar un boleto que dura desde el primer día del mes hasta el último, que de igual manera, permite viajar de isla en isla, pero por la módica suma de 2 euros.
Una vez que hayamos llegado a Burano, sea cual sea el medio a través del cual se haya uno transportado, nos vamos a encontrar directamente con la vista de unas casas muy particulares, las cuales se encuentran pintadas con colores muy resaltantes y alegres.
Estas casitas fueron pintadas de esa manera ya que los antiguos pescadores (recordemos que ese es un pueblo netamente de pescadores) se embarcaban en las embarcaciones de pesca y no retornaban por un buen tiempo a sus hogares, tiempo después del cual y ante la similitud en la arquitectura de las edificaciones, se confundían mucho, es por ello que decidieron, junto a sus compañeros, a pintar sus casa de colores característicos que le permitirían el reconocimiento de sus casa de manera inmediata.
Es casi imposible no hacer una comparación entre estas coloridas casitas y las que se encuentran en Buenos Aires, más precisamente en el barrio de la Boca, las cuales precisamente también tiene una tradición italiana y que se ubican en lo que fue el principal puerto de la argentina en tiempos muy remotos.
Obviamente, aunque habría que determinarlo bien, esta decoración exterior de sus casas debe corresponder también al reconocimiento de las casas por los viajeros.
Otra cosa que llama la atención y que se puede ver entre las calles de Burano son a las tejedoras, las cuales realizan una larga tradición en bordados, los cuales se remontan a una antigua tradición en la que una sirena arregló las mallas de unos pescadores y es por ello que al divisar el lindo bordado, las mujeres de la zona lo adoptaron para realizar sus propios diseños.
Realizar uno de estos bordados toma aproximadamente 4 meses y su valor es muy costoso en el mercado. Sin embargo, esta tradición se está perdiendo, pues son sólo las personas mayores las que aún siguen bordando bajo esta técnica.
Si uno va a Burano y desea adquirir una de estas piezas, que en realidad, son consideradas como verdaderas obras de arte, deberá tener mucho cuidado pues las imitaciones se encuentran a la vuelta de la esquina. Lo mejor sería tener un conocimiento previo de los bordados y sus características para poder realizar una compra inteligente sin llegar a ser estafados.
Como vemos, todo un viaje para aprovechar al máximo.